sábado, 10 de noviembre de 2018

Textos elementales

No entiendo que mujer puede admitir ser felíz y dichosa en este sistema que avala la violencia hacia nosotras por el simple hecho de ser.

Puedo escribir sobre todos los tipos de violencia sistematizada que se ejerce desde que nacemos sobre nosotras. Puedo empezar por los chistes de mi padre, y terminar luego de una lista larga y cruel en la trata de mujeres alrededor del mundo.

Pero de todas las formas de misoginia posible hacia nosotras, voy a hablar de la que me tocó esta noche a mi. Diría que es suerte, porque no he sido raptada mientras caminaba hacia a un bar en la noche, o no me ha roto una de mis costillas algún machote creyéndose superior a mi condición física (o intelectual, quien sabe). Pero no pierde validez, y sigue ponderando el abuso que sufrimos a diario sobre nuestros cuerpos y capacidades.

Instagram...

Tengo dos. En uno publico imágenes hilarantes (si se puede decir que lo son), y hago una variedad de arte visual, abarcando todos los ámbitos por los que me veo interesada, desde fotografías de otro (siempre citando), tapas de discos, los reconocidos "memes", modas de vestimenta de décadas anteriores, y un etc. largo, que concluye con publicaciones con fotos de mi cuerpo que en la mayoría de ellas no exhiben mi rostro.

Tengo dos cuentas. Tengo una segunda cuenta, que la considero bastante..."superfluo", y básicamente me encargo de subir fotografías con amigos, divirtiéndome y haciendo algo que no describe más que lo suficiente para que los demás sepan que sigo caminando por este mundo con 50 kilos de peso corporal.

La primer cuenta, la cuenta "bizarra", se encarga de mostrarme un poco más fiel, y ahí, en ese cuadrado virtual y cerrado de puras imágenes, publico fotos de mi cuerpo semidesnudo de forma muy esporádica.

Es muy real que el contexto en el que me expongo físicamente en esta red social no es el mismo en las dos cuentas de las que soy usuaria. En mi cuenta personal donde publico fotos de mi (con rostro) no logro sentirme vulnerable por lo que muestro de mi persona, y así mismo, como dije anteriormente, es una cuenta "superfluo"; porque en la medida en que no siento mi persona expuesta, tampoco me siento vulnerabilizada.

En la cuenta "bizarra", mientras publico toda la información antes mencionada, publico mi cuerpo semidesnudo de forma esporádica, sin mostrar mi rostro. Repito.

Esto significa que yo disocio mi cuerpo de mi identidad (porque mi rostro es mi identidad, mi forma de ser reconocible por mi nombre y apellido) y en algún punto quedo expuesta pero de forma inerte, mostrando mi integridad, sin sentirme vulnerable. Pero haciendo lo que me gusta, que es fotografiar a mi ser en total libertad. 

Yo me desvinculo de lo que soy y de una imagen de mi persona semidesnuda, en el momento en que oculto mi identidad, y lo avalo en cada fotografía en la que me encuentro en el anonimato. Ahí, en ese punto, pierdo cualquier miedo, porque estoy teniendo el control sobre COMO me publico a mi misma en esa caverna fotográfica.

Pero NO ES valido que yo tenga que tener estas clausulas conmigo misma porque una mayoría de hombres heterosexuales (y mujeres, misóginas, si las hay) no pueda contenerse a reducirme a su espejo de deseos, totalmente patriarcales, viéndome como una musa de carne y hueso dispuesta a saciar sus deseos más hondos y funcionales a una estructura que me necesita expuesta, sexual, e ilusa.

No es sano para mi analizar este tema en particular y tener que estar escribiendo esto, y tampoco es justo que no pueda desnudarme en la vía publica sin que me sexualicen, y los ojos estupefactos de los demás me aten a las cuerdas que me mantienen lejos de mi libertad como ser viviente.

No soy lo que deseas de mi.

Soy un engaño que te vendieron, querido, un saco de carne lleno de mentiras adentro, ahí, en tus ojos.

No soy real en tus ilusiones.

Soy una persona, una mujer, un ser humano.


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