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Cartas para la Abuela

Además de haber perdido los pocos vestigios de cordura que me quedaban, también perdí la habilidad para escribir. En mis primeros años no dolió la ausencia de la abuela, por que la abuela estaba pero no era parte. Era ajena, como bien lo supo ser en todo, hasta que se murió un día en que todo lo que dió fue devuelto. Yo no lloré. Nadie lo hizo en mi casa. No era otra cosa que un sentimiento vacío que nunca ella supo mimar, como una caja que nunca llenó de juguetes. Por eso mi padre y yo eramos dos adultos vacios de besos y abrazos ese día. En estos últimos años me nació de forma inherente la necesidad de tener una abuela, para escribirle cartas y contarle mis andanzas ancestrales de bruja por este mundo lleno de raices. Por eso mi libreta "Cartas para la abuela" contiene documentos exclusivos de mi autoría sobre esta vida conspirada que me toca a mi, y le toca a tantas que necesitan escribirle a alguna mujer muy vieja. Si voy directo a la explicación de porque el re...
Aforismos de una especie. Muchas flores para tirar sobre la mesa. Y volverse tierno. Duelen los ojos del llanto de adentro, y duelen los pensamientos. Las columnas destrozadas, el cansancio del año, de todos los días lo mismo. La palabra cotidiano. Cotidianizar todo. Entenderlo de ese modo. Erguirse. Vencerse. Tomandose el pelo. Decir cosas que no son. Mirar con cara enojada a la gente. Insultar sin razón. Buscarle lo malo a todo. Hablar mal de todos. Pensar que todo está mal. No esencializar. No amarse. Tener miedo. Abrazarme. Abrazarte. Buscar los objetos perdidos. Encontrar un cuento. Decir buenas noches. Y amanecer en paz. Poder creer, y hacerlo lo que haya que hacer para ser felíz. Decirme cosas lindas. Valorar a los otros. Hacer amigos, compartir tragos. Sonreír. Empatizar. Respetar y dar amor. Ser cómplices. Sororidad. Y valor.
Auto ayuda. Eso leía. Ahí comenzó todo y yo me quise matar. Todo bien con la cuestión de idealizar todo y convertir al otro en Dios. Todo más que bien con ser una pelotuda. Pero respetarse es decir "pará, lees auto ayuda? dame un abrazo y andate." Ni nos vimos.

Humillación pública

Hoy hice una declaración crucial frente al espejo. Tengo que dejar de buscarme y perseguirme tanto. No soy tu acertijo, ni soy mi propio juego. Soy las dudas que traigo, y los cuentos que regalo. Soy la espina cortada, mutilada, humillada. Soy el brazo que no dió a torcer. Soy los besos tardíos de mi padre. Y los puñales lejanos de mis fantasmas. Soy un pasado con forma de primavera. Soy suerte convertida en causalidad. Soy el monstruo debajo de la cama. Soy las veces que gritaste mi nombre cuando estabas acabando con otra. Soy lo triste de la noche. Lo erótico de esta. Lo efímero. Soy las calles que no transito nunca mas. Soy las decisiones que no tomé de mi porvenir. Soy los besos de mi madre. Soy la taza de café que no se termino cuando me fui de tu casa sin avisarte, sin despedirme. Soy las ganas de que me sigas, de que me veas. Sos mis ganas de existir. Soy mi carne, soy mi padre y soy mi madre, soy los años, soy los entierros, soy los niños, y tambien e...

Locuras nocturnas

Yo tenía una amiga con la que me juntaba en el pasado, que comenzamos a tener juntadas espontaneas en las que nos divertíamos haciendo jodas a la gente, como trucos para distraerlos de su confort mental, y de paso, enloquecernos un poco el nuestro riéndonos de los desajustes que padecemos todos frente a tanto alrededor. Recuerdo que yo estaba en un momento un poco complejo de mis relaciones interpersonales en mi entorno, entre amigos y familia, y esta excepcional amistad reflejó mi espacio de escape de tanta gente que se convierte en algo importante en esta vida, en las que en medida me importaba su lugar en mi camino. Yo no me daba cuenta de la trascendencia que tenía en mi vida, y como los momentos con ella yo alivianaba mi cuerpo lejos del estrés habitual, por lo que nunca realmente rescaté una valoración real de su influencia en mi estado de ánimo y en el momento que yo atravesaba como adolescente. Por eso las pocas veces que esto pasa, en las que yo tengo que darme cuenta de q...

EL UNIVERSO COMPRENDE

Que maduro permitirse ser un niño y no comprender todo lo necesario, porque no siempre se resuelven a la primera las ecuaciones y mejor no terminar los ejercicios en la primer hora. Que buena dicha sentirse raro y no saber mirarse a uno mismo siempre, porque un desconocido es más interesante y los misterios son un camino solo de ida, y conocerse a uno mismo tampoco tiene retorno. Que suerte que mi pasión interna no se apagó, y seguí corriendo detrás de cada centenar de luces que quería alumbrar yo misma y ser parte del fuego. Y que buena suerte haber encontrado la paz para entender mi brillo en los ojos cuando me miraba en el espejo y todo era lo necesario, como el vaso que no se derrama, ni tampoco está vacío, porque calma mi sed en la medida en que lo necesito. Que esencial ahorrarme los "yo" de mis oraciones porque tuve por una razón irrefutable de empatía y también de amor que transpirar mi alma y mis manos en situaciones complejas, en las que los laberintos mutan y s...

Ejercicios de Respiración

Silencio. Lo necesito. Para pensar y restablecerme. Un río llano, y tan hondo a la vez, en el que mirarme, y caer tan livianamente hacia lo profundo, chocando contra la oscuridad de lo lejano, sintiendo tan tibio el pasado y agarrándolo fuerte con las manos, para que no se me olvide ni que el me olvide a mi. Que no me deje sola, desconocida ante mi espejo de espectros, valijas, y personas, que no están ni quiero que se vayan. Silencio. Necesito el cielo destapado, y el alma rota en mil pedazos tirados por todo este salón de colores ocres y gritos mudos, en donde todos me ven y nadie me siente, nadie me oye, nadie se entera. Tengo que encontrar las vías que conduzcan a una tormenta, y gritar tanto y limpiarme, en un crecer cálido, entre un montón de hojas de otoño que me cuidan, porque yo elegí cuidarlas también, y permitirme ser, y refugiarme así en esta locura de inmensidad de ser libre de tantos diablos y santos que ya no necesito, que ya no invoco ni perdono. Sentir el c...