jueves, 31 de agosto de 2017

Ejercicios de Respiración

Silencio.

Lo necesito. Para pensar y restablecerme.

Un río llano, y tan hondo a la vez, en el que mirarme, y caer tan livianamente hacia lo profundo, chocando contra la oscuridad de lo lejano, sintiendo tan tibio el pasado y agarrándolo fuerte con las manos, para que no se me olvide ni que el me olvide a mi. Que no me deje sola, desconocida ante mi espejo de espectros, valijas, y personas, que no están ni quiero que se vayan.

Silencio.

Necesito el cielo destapado, y el alma rota en mil pedazos tirados por todo este salón de colores ocres y gritos mudos, en donde todos me ven y nadie me siente, nadie me oye, nadie se entera.

Tengo que encontrar las vías que conduzcan a una tormenta, y gritar tanto y limpiarme, en un crecer cálido, entre un montón de hojas de otoño que me cuidan, porque yo elegí cuidarlas también, y permitirme ser, y refugiarme así en esta locura de inmensidad de ser libre de tantos diablos y santos que ya no necesito, que ya no invoco ni perdono.

Sentir el calor de sus manos cerca mío, entendiendo que todo valió la pena, y que los llantos tienen su color diferente cada vez que una lágrima caía por tu mejilla, cuando ni siquiera yo entendía mis gritos internos. Es tan fácil ser el blanco, y que la flecha me traspase, me haga inevitablemente débil, vulnerable.

Estar solo y que el silencio me abraze, ser de pasto y de más nada. Ser de miel, y que me consuma el viento, y que en cada encuentro eterno me reestructure el alma, y que el alma rota en mil pedazos por ese salón inmenso lleno de silencios, se sienta sobria, de tanto pasado lleno de tanto y a la vez, lleno de nada. Que me vean como quieran, pero que me vean nuevo, porque este es mi nuevo firmamento, y yo solo pido silencio.

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