miércoles, 30 de noviembre de 2016

Diarios perdidos

Voy a tener que mover el recuerdo y el alma. Voy a mover el cuerpo y las entrañas y aunque lo hiciera no cambiaría nada.
No puedo chocar el cielo infinito, no puedo mover una nube inamovible, no puedo mover el alma tres casilleros atrás.
Y aunque quiera, aunque lo dije, aunque ese pasado yo lo anhelara, no puedo, no puedo ver el resplandor con los ojos cerrados, no puedo amarte sin saberme, no puedo abrir el alma con una llave.
En cambio, puedo guardarte, puedo torcerte, puedo abrazarte y cuidarte.
No puedo romperte (sos irrompible). Puedo amarte, porque sos eterno, porque cambiaste, que suerte que cambiaste. Que suerte que lo hiciste, que suerte que la encontraste, que te quedaste. Que suerte que no estás conmigo, que suerte que no te entregaste.
Ahora, no puedo romperte, pero puedo abrazarte (por suerte solo estirarte, torcerte y sincharte) y cuidarte. Y guardarte.


(Lo encontré en un diario del año pasado y estaba algo borroso lo escrito, lo único que hice fue una transcripción fiel de lo que a mi mente estaba usurpando)

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