miércoles, 19 de septiembre de 2018

Mecánica Cuántica

Siendo honesta, no me puedo quejar del advenimiento de estos días. Aprendí a las trompadas, la temperatura a punto María y me encontré al boludo (el boludo es el boludo) y confirmé que soy buena jactandome de la pelotudez ajena al instante. Y de darles bolilla y terminar enroscada con ellos también.

Bueno, la cosa. La cosa es grande y amorfa. Y no tiene mucha solidez, si no que es más bien como una masa pastosa que va leudando cada vez más y no para de llenar la habitación de olor a moho. El destino, las cartas, y los que te dicen que 'todo va a estar bien' ya me hicieron tener un prolapso y recién tengo 20 años. (?)

Estoy teniendo vínculo con un sujete de Bellas Artes. Eso significa que ya me desaté de mis gritos internos desaforados de sobrepensar demasiado a esta persona, a esta otre y así. Que después me di cuenta que gasté tiempo pensando cómo iba a reaccionar el otro y te lo juro, SOY TESTIGO; el enemigo te hace caminar media cuadra a comprar chía para un budín del orto que te va a preparar expresamente para levantarte el ánimo, porque antes de llegar al súper te va a decir: "no deberías ilusionarte". No? Bueno, pásame el número de tu amigo. Respect.

Lo que me conmueve igual aunque sea bruteza pura y falta de buen relacionamiento interpersonal es esa sinceridad despotricada del que te dice las cosas de una. Claro que en este sistema, lo ves más asiduamente en un heterazo que tiende a destilar su status quo de macho alfa con las nenas. Te lee, te observa, te mantiene la mirada, se acerca, te busca, te o l f a t e a, te dice, te relame, espera tu respuesta, y te encuentra y pum, te olfatea por segunda vez y se va, porque sos una piba inteligente, hermana.

Me colgué hablando del patriarca, pero vuelvo a mi camino de cómo me conmueve en pleno ocaso de criterio esa gente brutita, folcklorica, sin despistes, que fogonea pasión y anda proclamando por la ciudad su hambre de emoción, de tomar un sorbo de lo tuyo y lo mío. De comerse un pedazo de tu carne, y meterte en su burbuja de ensueños. No paran. Los he visto tomarse una cerveza en cualquier bar del centro. Están desesperados por hablar y qué sea tu ironía la espada filosa que los empuje contra esa pared.

Para ponerle un broche al cierre de esta semana escandalosa, mi chique artista me atrae. Yo le espero al lado de la Facultad de Bellas y me empiezo a armar un cigarro, y me contorneo en esa pose de desdén, mientras miro por encima de mi hombro el pasar incesante en la avenida.

El descaro está en vivir como ningún otro ha vivido.

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